Qué es el ginkgo biloba
El ginkgo, cuyo nombre científico es Ginkgo biloba, es un árbol caducifolio conocido por sus hojas en forma de abanico y por su extraordinaria antigüedad evolutiva. Es la única especie viva de la división Ginkgophyta, por lo que se considera un auténtico fósil viviente. A diferencia de muchas especies actuales, su linaje conserva características muy antiguas y no cuenta con otros representantes vivos.
Desde el punto de vista botánico, pertenece a la familia Ginkgoaceae, dentro del orden Ginkgoales y la clase Ginkgopsida. Es una especie dioica: existen ejemplares masculinos y femeninos, y cada uno produce estructuras reproductivas diferentes. Esta particularidad debe tenerse en cuenta cuando se planta en espacios urbanos, ya que los árboles femeninos desarrollan semillas rodeadas por una cubierta carnosa de olor intenso al madurar.
Origen y distribución geográfica
El origen natural del ginkgo se encuentra en China. Durante siglos se cultivó junto a templos y jardines, una práctica que contribuyó a conservar la especie y a extender su presencia fuera de sus áreas originales. En la actualidad, las poblaciones silvestres son escasas y su delimitación puede resultar compleja debido a la larga historia de cultivo.
Actualmente se encuentra plantado en China, Japón y Corea, donde forma parte de jardines, avenidas y espacios próximos a templos. También es frecuente en numerosos países de Europa y Norteamérica, además de otras regiones con climas templados. Su resistencia a la contaminación y su capacidad para adaptarse a distintas condiciones urbanas han favorecido su uso como árbol ornamental y de alineación.
Aspecto general y tamaño
El ginkgo es un árbol de porte mediano o grande que, en condiciones favorables, puede alcanzar una altura considerable. Los ejemplares jóvenes suelen presentar una copa estrecha y una silueta más vertical. Con el paso de los años, las ramas se extienden y la copa adquiere una forma más amplia, aunque su aspecto puede variar según el espacio disponible y la forma de cultivo.
Su corteza es grisácea y, en los individuos adultos, puede desarrollar surcos y relieves marcados. Las ramas principales son robustas, mientras que las ramillas cortas producen grupos compactos de hojas y estructuras reproductivas. Durante el otoño, el follaje cambia a un color amarillo intenso antes de caer, uno de los rasgos ornamentales más característicos de la especie.
Hojas, raíz y tallo
Las hojas del ginkgo tienen un pecíolo largo y un limbo en forma de abanico. El borde puede ser entero o presentar una hendidura central que divide la hoja en dos lóbulos, rasgo relacionado con el nombre específico biloba. Sus nervios se disponen de manera abierta y casi paralela, una característica poco habitual entre los árboles actuales.
El tallo se vuelve leñoso y firme con la edad, y sostiene una estructura de crecimiento lento pero duradero. La raíz está formada por un sistema principal que se ramifica en raíces laterales, cuya extensión depende de las características del suelo y del espacio disponible. Para desarrollarse correctamente necesita un terreno con buen drenaje y suficiente profundidad.
La singularidad de sus hojas
Las hojas del ginkgo son una de sus características más reconocibles. Tienen forma de abanico, un pecíolo relativamente largo y un borde que puede presentar una hendidura central, aunque también existen hojas sin ella. Sus nervios siguen un patrón dicotómico: se dividen repetidamente en dos, en lugar de formar una red como ocurre en muchas plantas con flores. Esta estructura ayuda a distinguirlo de otros árboles ornamentales.
Durante la primavera y el verano, el follaje suele mostrar un tono verde claro o medio. Antes de caer, cambia a un amarillo intenso y uniforme, lo que proporciona un notable interés estacional. La caída de las hojas suele producirse en un periodo breve, creando una característica capa dorada alrededor del árbol.
Reproducción y formación de semillas
El ginkgo es una especie dioica, por lo que los ejemplares masculinos y femeninos producen estructuras reproductoras diferentes. Los árboles masculinos desarrollan conos pequeños que liberan polen, mientras que los femeninos forman óvulos desnudos, normalmente dispuestos por parejas sobre largos pedúnculos. La fecundación presenta particularidades primitivas dentro de las plantas con semilla.
Tras la fecundación, el ejemplar femenino produce semillas rodeadas por una cubierta carnosa. Aunque a menudo se habla de sus frutos, desde el punto de vista botánico no se trata de un fruto verdadero. Cuando maduran, esas semillas desprenden un olor fuerte y desagradable, debido principalmente a los ácidos presentes en la cubierta exterior. Por este motivo, en calles y jardines se suelen preferir ejemplares masculinos.
Resistencia y adaptación
Su crecimiento es pausado durante los primeros años, pero puede alcanzar una gran longevidad cuando dispone de espacio suficiente. Una vez establecido, soporta bien diferentes condiciones ambientales y muestra una notable capacidad de recuperación frente a situaciones que perjudican a otras especies ornamentales. Esta resistencia explica su presencia en parques, avenidas y jardines de numerosas regiones templadas.
Para favorecer un desarrollo equilibrado conviene dejar distancia respecto a edificios, pavimentos y conducciones, ya que con el tiempo puede alcanzar un porte considerable. El riego resulta especialmente importante durante la fase de establecimiento y en periodos prolongados de sequía. Después, un ejemplar adulto suele requerir menos atenciones, siempre que el suelo no permanezca saturado.
Usos ornamentales y valor botánico
El ginkgo se cultiva sobre todo como árbol ornamental por la forma de sus hojas, su coloración otoñal y su resistencia. También posee un gran interés científico, ya que representa el único género vivo de la familia Ginkgoaceae. Sus rasgos permiten observar características que lo diferencian tanto de las coníferas como de las plantas con flores.
En la elección de un ejemplar para el jardín es recomendable conocer su sexo, el tamaño adulto esperado y el espacio disponible. Una ubicación adecuada desde el principio reduce la necesidad de trasplantes y permite disfrutar durante décadas de un árbol de gran valor paisajístico y evolutivo.

